







En octubre, Alberto Quevedo presenta por primera vez al público una selección de seis obras inéditas pertenecientes a la serie Sensaciones, realizada en 2012. Se trata de pinturas al óleo sobre lienzo, que permanecieron hasta ahora fuera del circuito expositivo.
Realizadas en un momento de especial interés del artista por la abstracción y por las posibilidades del lenguaje pictórico, estas obras nacen de una intención deliberada de alejarse de la representación. No hay en ellas objetos, figuras o escenas que reconocer. El punto de partida es más intuitivo: dejarse llevar por las sensaciones que produce el propio acto de pintar.
La pintura se convierte así en un espacio de encuentro entre distintas naturalezas. Masas de color, pinceladas, líneas y superficies adquieren autonomía y establecen entre sí relaciones de tensión, equilibrio, oposición y convivencia. Son volúmenes de pintura que parecen flotar, entrelazarse y enfrentarse dentro del espacio del lienzo.
En esta búsqueda puede apreciarse el interés del artista por el suprematismo y por aquellas corrientes que entendieron la pintura como un lenguaje capaz de liberarse de la obligación de representar el mundo visible. Sin embargo, en Sensaciones la geometría no aparece como un sistema cerrado. La materia y el gesto tienen un papel protagonista. El rastro de la pincelada, las superposiciones, las raspaduras y las diferentes densidades de la pintura hacen visible el propio proceso de construcción de la obra.
Cada cuadro funciona como un pequeño campo de fuerzas. El color no está al servicio de una imagen previa, sino que es la imagen. Las formas no describen: ocupan, avanzan, retroceden, chocan y conviven.
Vista hoy, la serie permite recuperar una etapa concreta de la trayectoria de Alberto Quevedo y acercarse a una investigación pictórica desarrollada hace catorce años, pero que conserva una sorprendente vigencia. Son obras que no pretenden ofrecer una respuesta ni conducir al espectador hacia una interpretación determinada.
Quizá su propuesta sea precisamente esa: entrar en la pintura sin buscar qué representa y dejar que sea ella la que produzca una sensación.
En Sensaciones, Alberto Quevedo no intenta hablar de algo concreto. No hay una historia que descifrar ni un motivo que identificar. La pintura nace de la propia experiencia de pintar, de dejar que el color, la materia y el gesto encuentren su lugar.
«No hago pinturas para hablar sobre algo. Son las pinturas las que hablan sobre mí.»
Desde esta perspectiva, estas obras pueden entenderse como una forma de autorretrato sin figura: no muestran al artista, pero dejan ver sus impulsos, sus tensiones, sus decisiones y su manera de relacionarse con el mundo.

